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Un cuento para todos.

Lina y un grupo de amigos del cole quieren vivir una gran aventura. Viven cerca del mar y deciden pasar toda la noche en la playa cuando haya luna llena. Son buenos amigos y juntos lo pasaban bien y es la primera vez que van solos a la playa de noche.

Esa noche hay luna llena, lo ven en el calendario, una buena oportunidad para pasar una noche divertida, así que se reúnen en la playa. El verano toca a su fin y las noches ya son frescas. Deciden hacer una fogata, preparan un círculo de piedras y dentro colocan ramitas secas que arderán bien. Encienden la fogata y juegan alrededor de ella, luego algo cansados se sientan a su calor y cuentan historias.

Ya en el cielo está la luna llena, más hermosa que nunca, y más grande también. Sus manchas brillaban como si fuesen a desprenderse y caer sobre ellos como estrellas fugaces. Es tarde, el cansancio empieza a hacer mella en algunos de ellos, extendiendo las mantas se acurrucan al calor del fuego.

La noche sigue su avance inexorable y la luna brilla esplendorosa. Sus rayos de luz forman un camino de plata en el mar por el que casi se puede caminar. La más pequeña de todos no duerme le impresiona el brillante camino. Puesta en pie pretende llegar a la luna por él. De repente desde la oscuridad por el camino de plata ve que se acercan seres extraños. Y grita, “mirad, mirad”. Sus amigos despiertan y ven los seres avanzar. ¿Quiénes serán? Tal vez habitantes de la luna, pero era imposible en la luna no vive nadie. Los seres avanzaban y de pronto al estar más cerca lo que ven son monstruos que vienen de la oscuridad, y asustados corren a sus casas.

Lina permanece inmóvil. La luna se siente culpable por haber creado el camino de plata para que los monstruos pudiesen caminar, así que le habla, “No tengas miedo, aunque asustan son solo personas tristes y amargadas, olvidadas de todos, pero tú tienes el remedio para derrotar su amargura. Dales un poco de cariño”.

Lina se vuelve y en una cesta coloca los dulces y golosinas que para ellos sus madres habían preparado dando un beso a cada una de ellas y la lleva a la orilla del mar donde el camino de luz termina. Aquellos extraños seres se acercaron a la cesta y van cogiendo las golosinas. Entonces se iluminan de luz confundiéndose con el camino mientras la luna enorme brillaba más intensamente aún. Lina cierra los ojos por un instante y al abrirlos la luna luce en lo alto del cielo y el camino de luz ha desaparecido.  Busca en la lejanía el rastro de los extraños viajeros de la luz, pero no hay ni rastro de ellos. Cierra de nuevo los ojos, pero al abrirlos todo es normal, la cesta sigue allí, en la orilla y con algo de recelo se acerca, cuando dentro mira nada hay, está vacía. Mira a la luna y sonríe.

Oye las voces de su padre y de su madre llamándola y se vuelve, la abrazan llorando de emoción. Su madre le pregunta por los monstruos y ella con total serenidad le contesta: “No hay monstruos solo la luna, una luna muy brillante que los ha asustado”.

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