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Concepción Arenal es una de las pioneras del feminismo en España. Su primera obra sobre los derechos de la mujer es “La mujer del porvenir” (1869) en la que critica las teorías que defendían la inferioridad de las mujeres basada en razones biológicas.

Experta en Derecho, pensadora, periodista, poeta y autora dramática española adscrita al realismo literario y pionera del feminismo en España. Se la considera precursora del Trabajo Social en nuestro país. Pertenece a la Sociedad de San Vicente de Paul, colaborando activamente desde 1859. Defiende a través de sus publicaciones la labor llevada a cabo por las comunidades religiosas en España. Colabora en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. A lo largo de su vida y obra denuncia la situación de las cárceles de hombres y mujeres, la miseria en las casas de salud o la mendicidad y la condición de la mujer en el siglo XIX, en la línea de las sufragistas femeninas decimonónicas, y las precursoras del feminismo.

Concepción Arenal Ponte, nace en Ferrol,​ en la calle Real del barrio conocido como Ferrol Viejo, el 31 de enero de 1820, y muere en Vigo, el 4 de febrero de 1893. Su padre de familia ilustrada y militar eminente, sufre represión en repetidas ocasiones con penas de cárcel por su ideología liberal y por estar en contra del régimen monárquico absolutista del rey Fernando VII. A consecuencia de sus estancias en prisión enferma. En 1829 muere, Concepción queda huérfana de padre a los 9 años. Ese mismo año se traslada con su madre y sus dos hermanas (Luisa y Antonia) a casa de su abuela paterna en Armaño (Cantabria) donde recibe una férrea educación religiosa, allí, un año más tarde muere su hermana Luisa. En 1834, con ayuda de un familiar, se trasladan a Madrid y estudia en un colegio de señoritas.

Con veintiún años, en contra de la voluntad de su madre, entra como oyente en la Universidad Central de Madrid para poder estudiar Derecho desde 1842 a 1845. Dado que en esa época la educación universitaria estaba vedada a las mujeres tuvo que disfrazarse de hombre. Al ser descubierta su verdadera identidad tuvo que pasar un examen y fue autorizada a asistir a clase, pero siempre apartada de sus compañeros y entraba y salía del aula acompañada del profesor y un bedel y esperaba en estancia separada entre clase y clase. Al terminar no recibió ningún título. Concepción tenía ideas liberales y progresistas y vestida de hombre participa en tertulias políticas y literarias, luchando así contra lo establecido en la época para la condición femenina vestida de hombre, como atestigua posteriormente Cánovas del Castillo.

En los cursos de la Facultad de Derecho conoce a Fernando García Carrasco, abogado y escritor, y a terminar la carrera, en 1848, se casan. Juntos colaboran en el periódico liberal “La Iberia hasta que Fernando muere en 1857 de tuberculosis.

Se traslada a Potes (Cantabria), Viuda y con sus hijos Ramón y Fernando. Conoce a Jesús de Monasterio, primer presidente de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Él la invita a fundar el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paul para ayuda de los pobres, cosa que hace en 1859, iniciando una febril actividad. Fruto de esta actividad es su obra “La beneficencia, la filantropía y la caridad” de 1861, obra que presenta al concurso convocado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, lo hizo con el nombre de su hijo Fernando, menor de edad en aquellos momentos. Tras muchas vueltas por la forma incorrecta de inscribir el libro en el concurso se le concede el premio, siendo así la primera mujer premiada por la Academia. Concepción señala en el libro el influjo de la religión católica en el desarrollo del espíritu de beneficencia que, en nuestro país, según Arenal, dio lugar a multitud de asilos piadosos, incide en la importancia de la caridad como virtud cristiana, menciona la gran labor de las obras de San Juan de Dios y de San Vicente de Paul, y alude a la necesidad de que el estado promueva y desarrolle la iniciativa privada y la beneficencia.

Poco después publica “Manual del visitador pobre”, traducida al polaco, al inglés, al italiano, al francés y al alemán, obra que interesa mucho en Francia. Llama la atención del presidente Joaquín Francisco Pacheco, que la nombra inspectora de cárceles de mujeres en 1864, siendo la primera mujer en ostentar este cargo, hasta 1865. Posteriormente publica poesía y ensayo de esta época son “Cartas a los delincuentes” (1865), “Oda a la esclavitud” (1866), “El reo, el pueblo y el verdugo” o “la ejecución de la pena de muerte”. En 1868 le nombran Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres. Y en 1871 inicia su colaboración con la revista La voz de la Caridad que dura 14 años.

Durante el reinado de Amadeo I de Saboya se posiciona a favor de que las Hermanas de la Caridad regresen a las casas de beneficencia, ya que considera de suma importancia la religión en este tipo de establecimientos.

En 1872 fundó la Constructora Benéfica, sociedad dedicada a la construcción de casas baratas para obreros, ayudó en la organización en España la Cruz Roja del Socorro, para los heridos de las guerras carlistas, al frente de un hospital de campaña para los heridos de guerra en Miranda de Ebro. En 1877 publicó Estudios penitenciarios.

En 1892 participó en el Congreso pedagógico Hispano-Portugués-Americano, que se celebró en Madrid con una ponencia sobre “La educación de la mujer” que trataba sobre la diferencia entre la educación de hombre y la mujer.  La presidenta de esta mesa era Emilia Pardo Bazán. 

Concepción Arenal envió un informe sobre varios puntos pronunciándose a favor de la educación femenina sin recortes.

En el ensayo de octubre de 1891 sobre El trabajo de las mujeres denuncia la escasa preparación industrial de la mujer.

Analiza la situación de las españolas en el terreno laboral, religioso, educativo, de opinión pública y moral en su trabajo Estado actual de la mujer en España, publicado por primera vez en España en 1895, dejando claro que en todos los casos es desfavorable por culpa del egoísmo masculino.

Al clero dirige fuertes críticas: «En general es muy ignorante, no querer a la mujer instruida, es mejor auxiliar, mantenerla en la ignorancia».

Concepción Arenal, es una pensadora del catolicismo social, como muestra en La Voz de la caridad, y como tal la reivindica el jesuita J. Alarcón en la revista Razón y Fe, 1900-1902, al ser el ideal de un feminismo aceptable, por ser «genuinamente español e íntegramente católico». Concepción Arenal, autora poco leída y citada de forma descontextualizada, fue, para la mayoría de los católicos de su época, una heterodoxa.

Con la creación de la Acción Católica de la Mujer, la visión católica y conservadora del papel de la mujer propugnada por el Movimiento católico realizará una constante labor de hostigamiento al feminismo católico, que a principios del siglo XX representa la Asociación Nacional de Mujeres Españolas.

Tiene dedicadas calles y monumentos en varias localidades de España, Uruguay y Argentina, entre ellas Miranda de Ebro donde dirigió el Hospital de Sangre durante la Tercera Guerra Carlista.

Muere y es enterrada en Vigo, el 4 de febrero de 1893. En su epitafio el lema que la acompañó durante toda su vida: «A la virtud, a una vida, a la ciencia». Sin embargo, su frase más célebre fue probablemente «Odia el delito y compadece al delincuente», que resume su visión de los delincuentes como el producto de una sociedad reprimida y represora.

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